LOS MITOS DE LA CIENCIA

Llamamos cientificismo la ideología según la cual la ciencia ha de ser la guía única de la humanidad, entendiendo que ciencia es el saber único, definitivo, neutral y progresivo. Esta concepción de la ciencia, que tiene sus orígenes en el siglo XIX( A Compte), en la actualidad ya no puede ser considerada más que como un mito. El hecho indudable de que la técnica progresa nos puede dar una idea equivocada sobre el progreso de la ciencia. Podemos pensar que el saber científico es acumulativo, es decir, que los nuevos conocimientos se añaden a los anteriores como los ladrillos en un edificio que crece indefinidamente. Pero no es así. La historia de la ciencia nos muestra cómo se han ido produciendo sustituciones: un nuevo entramado de leyes y de teorías han ido sustituyendo entramados anteriores, que han quedado obsoletos. La ciencia es siempre algo provisional, y las teorías tienen sólo un  carácter hipotético, ya que su confirmación empírica es siempre, y por definición, inestable. O sea, que no hay un progreso indefinido de la ciencia. La ciencia es obra de una comunidad de científicos que parten de un paradigma, no de unos “genios” aislados. Las realizaciones científicas que están dentro de un mismo paradigma constituyen lo que se denomina “ciencia normal” de esa época. Mientras no se produce una crisis del paradigma, todo lo que no cuadra se considera irrelevante, tanto si son problemas como si son hipótesis. Sólo podríamos hablar de progreso en el sentido de que, generalmente, las nuevas teorías son más verosímiles que las anteriores, o se acercan más a la verdad. Otro mito largamente mantenido y actualmente puesto en entredicho es el de la supuesta neutralidad de la ciencia. A lo largo del siglo XX se ha ido evidenciando que nunca ha existido en la historia una ciencia desinteresada. El interés por hacer aplicaciones técnicas de los conocimientos científicos implica necesariamente la idea de dominación. El científico o los que lo financian, obviamente, pretenden dirigir la investigación científica hacia el refuerzo de su poder, político o económico. La enorme difusión de la ciencia a partir del siglo XIX hizo pensar a algunos que se convertiría en la única forma de conocimiento, y que desbancaría a la filosofía. Pero la necesidad de otros marcos de referencia más amplios y no tan rigurosamente basados en la experiencia llevó a una concepción de la ciencia mucho más modesta.

            Actualmente, cuando se habla de los peligros de la ciencia, se está hablando en realidad de los peligros de la exclusividad de la ciencia. La cuestión es que la ciencia tiene que estar complementada por otros saberes, por otros puntos de vista. En este sentido hay quien habla de ciencia con conciencia o de visión humanística de la ciencia.

Una colección de pensamientos debe ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males.

Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.

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