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EL PENSAMIENTO FEMINISTA

La evolución del pensamiento feminista en el siglo XX no puede entenderse al margen del desarrollo y de la dispersión, en múltiples corrientes, que ha vivido la filosofía a lo largo del este tiempo. De la misma manera, el devenir de los movimientos sociales de emancipación de la mujer ha tenido una influencia directa en los cambios de perspectiva que se ha ido produciendo en el pensamiento feminista. Veamos algunos de los antecedentes del feminismo contemporáneo.

 Las primeras elaboraciones sistemáticas del feminismo se sitúan en el marco de la Ilustración, aunque ya con anterioridad hubo denuncias de la situación de opresión y discriminación que vivían las mujeres. Con el humanismo renacentista se desencadenó la llamada Querella de las mujeres. Autoras como Christine de Pizan (1364-1430)- La ciudad de las mujeres-, Moderata Fonte (1555-1592)- El mérito de la mujer- o la castellana Teresa de Cartagena, religiosa que, a mediados del siglo XV, escribía Admiración de las obras de Dios, rechazaron la idea que servía de soporte a las opiniones misóginas: la naturaleza determina de forma inevitable la inferioridad de la mujer.

En el siglo XVIII la reivindicación de los derechos de las mujeres surge en el contexto de las revoluciones norteamericana y francesa. Olympe de Gouges (1748-1793), quien escribió Los derechos de la mujer y de la ciudadana (1791), fue guillotinada por defender la necesidad de aplicar los principios liberadores revolucionarios a las mujeres. Mary Wollstonecraft (1759-1797), quien publicó en 1792 Vindicación de los derechos de la mujer, atribuía la subordinación y la ignorancia de las mujeres a la ambición de poder de los hombres, que, por su afán de dominio, las someten y explotan. Un siglo después, el movimiento sufragista protagonizó la lucha por el reconocimiento de la mujer como sujeto político. Desde las tres últimas décadas del siglo XIX, alcanzar los ideales democráticos también para las mujeres será el objetivo de un intenso movimiento que fue ampliando su radio de acción desde Estados Unidos e Inglaterra y que mantuvo su fuerza hasta, aproximadamente, 1930.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en la mayoría de las democracias occidentales se había logrado el objetivo del movimiento sufragista: en 1919, el Congreso de Estados Unidos aprobó la 19ª Enmienda a la Constitución, que reconocía el derecho las mujeres a votar, en 1928 lo reconocía el Parlamento Británico, España en 1931 y Francia en 1944, Suiza concedió este derecho en 1971.

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