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EL FEMINISMO DE LA DIFERENCIA

En la Europa continental, especialmente en Francia, el pensamiento feminista ha seguido otros caminos. El debate feminista francés, desde los años setenta, está dominado por el llamado "feminismo de la diferencia", muy influido por el psicoanálisis de freíd y Lacan y por la reconstrucción de Derrida. Autoras como Hèléne Cixous, Julia Kristeva o Luce Irigaray rechazan la reivindicación, que años antes planteaba Beauvoir de la igualdad entre hombres y mujeres. La consecución de tal reivindicación llevaría a que las mujeres terminaran pareciéndose a los hombres. Las mujeres tienen derecho a su especificidad, su "diferencia" y deben conservarla. También el feminismo italiano- Luisa Muraro, Lia Cigarini, Paola di Cori…- ha seguido esta línea de pensamiento.

El concepto de diferencia sexual tal como lo entienden las autoras pertenecientes a esta corriente, va más allá de la mera distinción fisiológica o psicológica de mujeres y hombres. A partir del análisis de la mujer como "lo Otro"- que hiciera Beauvoir-, el feminismo de la diferencia radicaliza su postura, reclamando ese espacio de "lo Otro" como lugar desde donde llevar a cabo la construcción de una identidad propia, sin intromisiones de masculinidad. Ahora bien, la diferencia, el espacio de "lo Otro" es, ante todo, un espacio de lo simbólico desde el que las mujeres interpretan el mundo y a sí mismas, dan significado a las cosas y a su existencia, expresan la realidad y su yo personal sin estar sujetas a los conceptos, valores y expresiones propias del falocentrismo1. Dicho espacio es lo que, en el seno de esta corriente, se denomina orden simbólico.

Más allá de la igualdad, que ha de aceptase como principio jurídico universal, las autoras pertenecientes a esta corriente afirman la diferencia como instrumentos imprescindible para derrocar el orden de la estructura patriarcal. La necesidad de un orden simbólico nuevo es el resultado de la constatación de la parcialidad falocéntrica que ha imperado no sólo en la filosofía o en la psicología, también en la historia y el resto de los saberes producidos y dominados por los hombres. En su análisis de la sociedad y de la historia, esta corriente de pensamiento subraya que la diferencia femenina está ausente de la realidad, tal como la ha nombrado y la nombra el discurso masculino hegemónico. El sujeto de la historia, el sujeto del pensamiento, el sujeto del discurso es siempre un hombre, aunque se utilice un concepto neutro universal (la humanidad, el ser humano…). Para el pensamiento de la diferencia sexual, el sujeto del conocimiento y de la historia no sería universal, sino sexuado y parcial. En las sociedades patriarcales, los hombres han construido su identidad como la única posible, una identidad que oculta de forma sistemática la diferencia femenina. Esta es la situación que debemos superar construyendo un nuevo orden simbólico.

Luce Irigaray crítica la tendencia del feminismo posmoderno a neutralizar la diferencia sexual. Para Irrigaría sólo se podrá superar la situación de subordinación de las mujeres partiendo de la diferencia sexual y reivindicando los valores propios de las mujeres, los que históricamente se han silenciado o despreciado. En lugar de intentar suprimir la diferencia sexual- lo cual supondría la destrucción de las mujeres, pues disolvería todos sus valores-, el feminismo debe vencer la exclusión que han vivido y viven las mujeres, reforzando la cultura propia de éstas y creando un orden simbólico específico desde su ser mujeres, desde la diferencia sexual.

En la teoría de la diferencia sexual femenina se intenta evitar trivializar o desestimar otras diferencias. Aunque es muy importante la diferencia sexual, no hay que olvidar la compleja articulación de esta diferencia en los diversos contextos culturales y en las distintas tradiciones históricas. No puede considerarse a las mujeres en general como un colectivo unitario, existen modos diversos de experimentar y de representar la diversidad interna del mundo femenino y la diferencia sexual con respecto al mundo de los hombres. Se trata, pues, de tener en cuenta la diferencia entre hombres y mujeres, pero sin olvidar las diferencias que existen entre las propias mujeres. Mujeres que no son iguales, sino semejantes y diferentes entre sí. Dando relevancia a este aspecto, la teoría de la diferencia procura eludir la crítica más frecuente que se le ha hecho: la de ser una teoría esencialita, es decir, una teoría que postula la existencia de ciertos rasgos fundamentales compartidos por todas las mujeres. Tales rasgos se acercarían al antiguo concepto de esencia, con el que se hacía referencia a lo que permanece invariable en todos los individuos de una misma especie. Así, se ha criticado a Luce Irigaray la idea de que la diferencia sexual es algo natural y universal que no puede reducirse a ninguna otra diversidad, sino que ella misma está en el origen de cualquier otra diversidad existente. En este sentido, postular la dualidad sexual como un esquema inamovible y partir de la doble identidad "ser mujer" y "ser hombre" parece demasiado cercano al planteamiento patriarcal que se pretende rechazar.


1Falocentrismo. Rasgo propio de culturas y de sociedades que no sólo están dominadas por el macho(portador del falo), sino que preconizan todo lo que caracteriza como valor de referencia absoluta.

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