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EL SABER ORIENTAL

Con filosofía y ciencia parece que hemos agotado las posibilidades del saber, intersubjetivo, fácilmente intercambiable entre las personas. Pero si hacemos un análisis mas profundo descubriremos el saber oriental, que tiene su propia tradición y que, a diferencia del saber occidental, que está más orientado hacia los objetos, hacia las cosas,”hacia fuera”, se orienta “hacia dentro”, hacia la meditación, hacia el interior del propio sujeto.

 

En Occidente, las Historias de la Filosofía al uso suelen comenzar  su relato-etnocéntrico- con los presocráticos en el siglo VII a.n.e. Lo cual puede ser correcto si lo que se tata es exclusivamente la Historia de la Filosofía occidental. Si lo que se pretende, en cambio, es ofrecer una Historia de la Filosofía universal, hay que retrotraer el punto de mira unos cuantos siglos atrás.

En el año 1150 a.n.e. el rey Wu Wang traduce a caracteres el  I Ching o Libro de las Mutaciones, que puede considerarse como el primer libro de filosofía china, cuyo origen, incierto, podría remontarse bastante en el tiempo.

El libro se compone de 65 hexagramas ( figuras de seis líneas), resultado de la combina-ción de 8 trigramas ( figuras de tres líneas) que surgen, a su vez, por combinación de dos líneas básicas, una entera y otra partida, que representan respectivamente el Yang y el Yin, que son los dos principios elementales de cuanto existe. Estas dos líneas combinadas entre sí producen cuatro pares de líneas que representan los cuatro elementos cosmogónicos: fuego, metal, madera y agua.

Cada uno de los 64 hexagramas representa el cambio y mutación de todas las cosas que constituyen el universo. A cada hexagrama lo acompaña un texto explicativo. Una parte de este texto se debe al mencionado rey Wu Wang del siglo XII a.n.e. Otra parte se debe a Tan, hijo del rey Wang. Los hexagramas y los comentarios del rey Wang y su hijo constituyen propiamente el I Ching, que se fue enriqueciendo a lo largo de los siglos con comentarios posteriores, entre los que destacan los atribuidos a Confucio, que reflexionó principalmente sobre el contenido ético del libro, que sirve no sólo para ex-plicar y predecir los cambios del universo, sino también para actuar frente a determinadas situaciones de la vida. Para ello basta hacer inferencias racionales que presuponen un retorno cíclico de todas las cosas, esto es, una especie de principio de uniformidad de la naturaleza que posibilita la inducción. Para predecir los fenómenos futuros hay que partir de los hechos, interpretados a la luz de los hexagramas, y aplicar luego las leyes del cambio y la mutación, que vienen representadas también por los hexagramas.

El universo, en cambio perpetuo- que recuerda el “todo fluye” de Heráclito-, surge de la interacción de las dos fuerzas fundamentales y complementarias: una fuerte, el Yang, que representa la luz, el cielo, y una débil, el Yin, que representa la oscuridad, la tierra. Estas dos fuerzas intercambian cíclicamente su prevalencia: de su combinación surgen todos los estados de una especie de energía primigenia. Ambas fuerzas, igual de necesarias las dos, representan la polaridad que exige todo cambio: sin oscuridad no tiene sentido la luz-que se define en relación a ella- y sin luz, no puede hacerse tampoco la oscuridad. El diagrama más conocido del Yin-Yang representa gráficamente esta cooperación. “Dentro de la parte clara, un punto negro, dentro de la parte oscura, un punto blanco. La filosofía del yin-yang puede sintetizarse, a partir de la obser-vación del diagrama, en los siguientes puntos:
 1. todo es dual;
 2. los opuestos se complementan;
 3. todo es relativo;
 4. todo es dinámico y sigue un movimiento circular (cíclico o de retor-no)”.(Maillard)

Aunque de difícil interpretación y con evidentes restos de mitología, el I Ching supone un nítido intento filosófico de interpretación total de la realidad donde resuenan ya-¡cinco siglos antes!- ideas presocráticas: el cambio como hecho central a explicar, dos fuerzas-principio explicativas, cuatro elementos materiales, un complejo ensayo de mo-delización de la realidad mediante una sorprendente combinatoria geometrizante de esti-lo pitagórico, todo ello sin perder la vista la aplicación ética en las diferentes situaciones prácticas de la vida, el ideal de sabiduría vital que aparece como el punto en el que ha de converger todo.

Gonzalez R.”Filosofía y Ciudadanía.”Ediciones Akanl.

 

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