EL EGOÍSMO ÉTICO
El egoísmo ético es una teoría ética que afirma que la corrección moral de una acción se justifica y fundamenta sólo en el mayor bienestar que proporciona al agente. Una teoría como ésta fue defendida por Thomas Hobbes (1588-1679) y defiende que las acciones moralmente correctas, las que deberíamos realizar, son aquellas que globalmente nos resultan más satisfactorias teniendo en cuenta sus resultados y consecuencias. Actuar moralmente quiere decir ser egoísta, pero racionalmente. Y dado que nuestras acciones afectan a otras personas, actuar racionalmente implica tener en cuenta a otras personas, actuar racionalmente implica tener en cuenta el bienestar de los demás. Pensar en los demás es una forma racional de ser egoísta. Un cierto altruismo casi siempre nos conviene.
En este sentido, la razón para cumplir las promesas no está en el respeto que merecen las personas, no en los perjuicios que sufren al ser quebrantada una promesa, sin en los perjuicios que pueda sufrir el propio agente al incumplirla, en forma de credibilidad y prestigio. Los principios y normas morales obligan, únicamente, porque cumpliéndolos obtenemos nuestro mayor bien. Eso significa que no tendríamos obligación de cumplir una norma moral que nos reportara globalmente menos bien del que obtendríamos no cumpliéndola.
En cuanto a los pros y contras de esta teoría diremos que la fuerza del egoísmo ético se basa en explicar de forma clara y persuasiva por qué una acción es moralmente correcta y debemos realizarla. Lo que hay que hacer es lo que más nos motiva, pensando detenidamente. Tengo la obligación moral de pagar el transporte público, aunque preferiría no hacerlo, porque si lo pienso bien es de mi máximo interés hacerlo: me ahorra los esfuerzos y angustias de disimular y esconderme, también me ahorraré, si soy descubierto, la multa y la vergüenza, etc. El egoísmo ético es claro porque no hay dificultad alguna en entender su mensaje y es persuasivo porque acerca el deber al deseo: lo que reflexivamente más deseamos, es lo que moralmente debemos hacer.
La crítica que se hace al egoísmo ético es que, aunque valora interesadamente el altruismo, no da ningún valor a los intereses ajenos por sí mismo: cuando conviene se respetan, pero a veces conviene no respetarlos. En consecuencia, el egoísmo ético no puede justificar principios morales como el de la dignidad humana.
Además, al egoísmo ético le resulta imposible resolver los conflictos de intereses. Hay que tener en cuenta que a una teoría ética se le pide que ofrezca orientaciones para vivir, lo que incluye vivir junto a otras personas, y, por consiguiente, que resuelva situaciones conflictivas interpersonales. Si cada agente debe hacer lo que más le beneficia, entonces cuando surge un conflicto y cada uno defiende sus intereses- el asesino que quiere cobrar la herencia y la víctima que quiere salvar la vida, por ejemplo- todos hacen lo correcto, pero el conflicto no se resuelve. El egoísmo ético, más que solucionar, parece abocar a los conflictos y, a pesar de su apelación a la racionalidad y al propio interés, todos pueden acabar perdiendo.













